miércoles, 27 de octubre de 2010

Muere Illy Bleeding: ¿conoce el rock mexicano a sus leyendas?


Las ideas y los sucesos se agolpan. Leo que el Director de Wired señala que cada vez menos gente utiliza Internet para su sentido fundamental: navegar. La red es un espacio para que donde antes un paseante al estilo de Walter Benjamín recorría barrios y ciudades, ahora el internauta se pierda en laberintos virtuales. Me seduce la idea, así que prefiero vagar por donde me lleva esta digresión que pende de un click.
Reviso una nota sobre las colaboraciones de Gustavo Cerati; tal como esperaba los visitantes arrojan muchos datos más de los contemplados por el periodista. Uno de ellos rompe la secuencia de duetos del argentino, para avisar a los visitantes del Blog que ha muerto Jaime Keller, a quien la historia del rock mexicano conoció como Illy Bleeding o Illy Godzilla, vocalista de una agrupación seminal para el punk: Size.
De inmediato imagine que se trataría de un asunto para clavados, ya que las nuevas generaciones inmiscuidas en el consumo y culto de nuestro rock (¿o debería decir rockcito?) poco o nada conocen del periodo menos documentado del devenir del rock nacional; ese que comienza con la debacle tras Avándaro en 1971 y que concluye hacia mediados de los ochenta cuando regresan los conciertos internacionales y las agrupaciones nativas asoman la cabeza.
Es escasa la bibliografía existente, poco se apuesta por la historiografía y el periodismo especializado y los materiales discográficos son difíciles de conseguir aun en estos tiempos. Para mi sorpresa, descubro que hace menos de 3 meses, el crítico jalapeño José Homero dedicó su espacio de blog en Letras Libres para disertar sobre Size y su sitio en el desarrollo de nuestro rock (¿Lo que no diría Paz!).
Me parece oportuno citar el texto del también veracruzano poeta y ensayista:
“En 1978 surge Size con Illy Bleeding (o Illy Kosovo, Illy Godzilla e incluso Illy Keller), Walter Schmidt (también Dennis Sanborns), Carlos Robledo (This Grace) y Dean Style. En sus seis años de existencia dejaron huella con canciones memorables, y patentaron las vicisitudes y el devenir que la escena musical experimentaría a raíz del punk.
Canciones como la emblemática “Tonite” acusan el influjo del punk en el fraseo de Bleeding y en la crudeza de la letra, pero prepondera el elemento bailable, cifrado ya desde el inolvidable intro, con efectos juguetones, líneas funk en el bajo e inquietantes y líricos subrayados de sintetizador, que le otorgan ya un inconfundible sello postpunk. Se trata de la asimilación mexicana de esa experiencia que se decantó hacia la electrónica con instrumentos baratos, que comienza Daniel Miller y expresaron mejor Fad Gadget y Depeche Mode, justo en el sello del primero”.
Tras el artículo original han sido varios los que han alimentado una candente polémica que es característica de nuestro entorno. Un fan talibán apoya a las viejas figuras y no faltan los que ponen en tela de juicio los méritos de aquellas “glorias”. Que si Chac Mool es cumbre del progresivo azteca o que si Toncho Pilatos o Bandido daban escuela de lo que debía de ser una big band.
El más radical de los implicados no vacila en repudiar a Size por provenir de una clase acomodada, como también ocurría con Dangerous Rhythm –después Ritmo Peligroso-.
Un acontecimiento como la muerte de Illy nos permite plantear ciertas ideas a propósito de la manera en que se entiende y abordar al rock de acá. ¿En verdad es relevante aclarar si el punk más auténtico es el de los barrios periféricos y pobres? No le demos vueltas, el punk entró por el Pedregal y las Lomas –allí habitaban los primeros punks aztecas-. Luego bajó hasta Insurgentes Sur, donde se localizaba Hip 70, la tienda de Armando Blanco y que expendía los mejores discos, bien resguardados por un par de perros Doberman. El sitio contaba con una salita superior para conciertos, que como era de esperarse, tenía condiciones infames y equipo paupérrimo, pero allí comenzaron a tirar quienes no se lamentaban por no vivir en Londres o Nueva York. La cosa era intentarlo, ampliar los horizontes de mira y escucha.
Luego vinieron Silueta Pálida, Syntoma, Las Pijama A go go, Casino Shangai, El escuadrón del ritmo, Chula Chula Chaqueta, María Bonita, Interface, todos los proyectos del Dr. Fanatik y muchos otros visionarios. Si nos apegamos a estrictos juicios de calidad, obtendremos distintos valores para cada proyecto, pero es un asunto que requiere de más espacio.
Regresemos al fallecimiento de Bleeding, un tipo que atento a lo que ocurría fuera también se cortaba en el escenario más por seguir a Iggy Pop que a Sid Vicious, para plantear una interrogante: ¿porqué carecemos de verdaderos rockstars locales? ¿Por qué se ha demeritado tanto este tipo de figuras? Lo más devaluado del asunto sería que nos conformáramos con la saga de You tube en que arrestan a un ebrio como León de Zoe.
Antes para ganarse un sitio ante un público prácticamente inexistente había que poner todo por delante y nos sólo aparecer en revistas del corazón. Homero es quien se concentra en los haceres de Size, pioneros no sólo del punk, sino del new romantic y la electrónica: “Decía que distinguen a Size las texturas de sus acordes sintetizados. Schmidt posee un gran talento para crear riffs atractivos y pegajosos. Pero esos riffs no sólo atraen, a manera de una inteligente motivación ensayística, sino que sostienen la estructura de la composición y permiten los cambios de ritmo sin brusquedad. “Time Trap” y “El diablo en el cuerpo”, composiciones complejas, muestran claramente ese dominio digamos clásico de Schmidt en conjunción con Robledo, quien acentúa la melodía con su teclado, para transitar de un espacio sonoro a otro, puentes con tintes de complejidad barroca”.
Es lamentable que en México para todo –y no sólo en el rock- carezcamos de memoria histórica, que se nos olvide la mayor parte, que casi nada permanezca. Para que hoy existan personajes que rayan en lo vacuo o lo banal pero se sienten rockstars, debieron existir toda una generación de picapedreros a los que les tocó la parte más ingrata de una saga que ha construido una tradición –ciertamente endeble- peleando a la contra y con todo por perder.
Una figura como la de Illy Bleeding también nos permite enfatizar que para ciertas personas el rock and rock no sólo es fama, pasarelas y reflectores. Tras varios años fuera de la escena este hombre volvió con otro proyecto, acompañado por Los rebotes trucosos. Jamás alcanzó los escenarios más importantes, no obtuvo un reconocimiento masivo, pero allá donde los abismos del verdadero underground se abrían conectaba sus instrumentos y comenzaba a actuar.
Aquellos Beatiful losers –que anticipara Leonard Cohen- bien merece una hagiografía, una improvisada reivindicación que no conoce de clases sociales y que se limita a señalar esa perseverancia y espíritu irreductible de algunos rockeros de antaño. Illy vivió como el título que dio al álbum de Size: “Con el diablo en el cuerpo”.

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