sábado, 1 de noviembre de 2008

Polka Madre: Punk gitano (y mexicano) por las calles del mundo




Nota: versión completa de la entrevista publicada en la revista Marvin 65 (octubre)



Existen bandas ajenas a cualquier escena; reacias a echar raíces en alguna parte, que vagan errabundas esparciendo su arte. Tal es el caso de Polka Madre, un combo en que militan finlandeses, gringos y mexicanos. Toda una rara avis del rock nacional que tiene, acorde con su naturaleza, una historia bizarra a cuestas. Hay ocasiones en no conviene explicar demasiado las cosas, más vale dejar hablar a los protagonistas.

Conversamos con Marina de Ita, mexicana encargada del Acordeón, y Eric, finlandés-norteamericano, a punto de embarcarse en una gira que los llevará desde Arizona a la alta California y de ahí a Portland, uno de los centros neurálgicos de la música actual. Como se verá más adelante hablan sin cortapisa alguna y se dan tiempo para no dejar títere con cabeza, algo que se agradece en estos tiempos de tanta hipocresía políticamente correcta.

Polka madre tiene una historia un tanto curiosa, ¿podrían hacer un recuento?

Eric.- Llegué a México después de la universidad para estudiar español. Conocí enseguida a Marina y comenzamos una banda tocando música judía. Compré a 330 pesos una guitarra que sonaba jodidamente mal. Entonces encontramos a Enrique Pérez, un tipo que se ganaba la vida tocando el clarinete en la plaza de Coyoacán por algunos pesos que le daban los ‘fresas’ que estaban tomando café. Y resultó un genio. Pasaba sus días improvisando en las calles y puede tocar cualquier cosa. Lo introdujimos en la música judía y el clarinete, obviamente, es el instrumento perfecto para tal música. Más adelante cambiamos a muchos bateristas y bajistas hasta que retornamos a Pórtland. Allí encontré a Andrew Cameron, y sabía que el era la única persona lo suficientemente loca para dejar su casa, familia, amigos e irse a vivir a México. El hizo la música más rápida y pesada con su bajo.

Marina.- Además de editora y correctora de estilo, yo era maestra de español para extranjeros ocasionalmente; oficio que aprendí cuando vivía en Oaxaca. Un día me habló una amiga para decirme que había un gringo- finlandés que venía un mes a México y quería aprender español. “Puedes sacarle unos dolaritos…”. Ese gringuito era Eric. Cuando nos conocimos, en vez de darle una clase formal de español, empezamos a hablar de música. Le conté que había retomado el piano dos años antes y que estaba componiendo melodías que tenían un aire judío, húngaro, sin habérmelo propuesto; era algo natural, acorde con mi personalidad, algo confusa, triste, pero un tanto valemadres y fiestera también. En cuanto empezamos a tocar juntos supimos que estaba naciendo algo importante (los dos éramos escritores incipientes no satisfechos; el resultado de ese experimento musical nos dejó más contentos que nuestros intentos de cuentos o novela).

También debo reconocer la influencia de Las Comadrejas, banda de amigos míos, a los que admiraba mucho, y que estaban tocando polkas, covers de Kusturica, boleros vueltos polkas punks. Antes de escucharlos, ya estaba experimentando en esa dirección, pero fue cuando Eric y yo los vimos en vivo que supimos que debíamos atrevernos a formar una banda y tomarlo en serio. Verlos fue un empujón; ellos ya eran muy buenos ejecutantes. Ninguno de nosotros dos había tocado en una banda y con ellos vimos que era posible hacerlo a cualquier edad –no éramos ya tan chavitos cuando empezamos-, teniendo cualquier otra profesión.

Pero hay otra historia que ahora he decidido contar; es que inconscientemente estaba esperando algo que cambiara mi vida aburrida y me diera fama, dinero, viajes, amores y drogas. Y Casa Kramer, mi hogar, era el lugar perfecto para que eso sucediera. Situada en el centro de la colonia Atlántida, en Coyoacán, barrio diseñado en forma de triángulo por un esotérico, Miguel Kramer, esta casa, a la que nos trajo el terremoto del 85 –nuestra cuadra en la Narvarte había quedado prácticamente destruida- había atraído a músicos y artistas desde que mi hermana, Laura de Ita, empezó a hacer fiestas universitarias que poco a poco se volvieron masivas. Luego seguí haciéndolas yo, trayendo bandas, djs, escritores, pintores… Así que en cuanto se formó la banda nosotros podíamos tocar sin que nadie nos pudiera bajar. Debo admitir que al principio tocábamos muy mal. Un amigo escritor me dijo recientemente que antes dábamos pena ajena, pero era mi casa y nadie se atrevía a decirlo. Pero algunos músicos profesionales, jazzistas, músicos de conservatorio, nos animaban diciendo que aunque no ejecutáramos muy bien, nuestra música era algo muy diferente, que aunque remitía a la música balcánica era algo realmente original… Entonces decidimos estudiar música, algo de armonía y ejecución.

Ahora también puedo contar que cuando nos conocimos, Eric y yo nos enamoramos, así que estábamos muy emocionados por tener a un compañero con quien además había un proyecto que parecía tener futuro… pero la relación no duró mucho tiempo, así que Polka Madre es el hijo de una pareja de divorciados que se volvieron grandes amigos.

Pero lo más importante fue que nos encontramos cinco vagos, dispuestos a dejar todo por la música, y muy necios, por cierto. En varias ciudades, como México, Portland, Nueva York, Helsinki, Paris, nos han dicho que nos quedemos más tiempo, que nos conectemos con disqueras, managers, clubs, pero ya no podemos estar más de un mes en un lugar, somos adictos al viaje, a los shows, a la fiesta, así que no hacemos mucho caso y agarramos camino a donde nos ofrezcan tocadas.

Polka Madre, más que una banda, es una familia, y un estilo de vida.




En este momento parece ser que la música de los balcanes despierta gran interés y no sólo por pensar en nombres como Emir Kusturica o Goran Bregovic sino en Beirut, The Hawk and the Hackshaw, Devotchka o Shantel, ¿a qué creen que se deba?

Eric:
Devotchka es una de mis inspiraciones. ¿Has escuchado su canción titulada algo así como “Mi vida sin ti”? La simple repetición de un riff en la escala armónica menor es hipnótica, me hace sentir como si estuviera montando sobre un caballo en un bosque eslavo, hambriento, y listo para ir casa. Es a partir de su segundo álbum que he hecho una canción con Polka Madre, con la idea general de que el ritmo y la repetición de una frase es muy importante.

Pienso que la gipsy-music es un capricho que es como cualquier otro, y pasará dentro de un par de años. En Nueva York, por ejemplo, el gipsy-punk es muy popular. Eso significa, como regla, que será muy popular en Londres, Paris, Estocolmo, Barcelona y así irá hasta hacerse popular en Fargo, Dakota del Norte. Es entonces cuando se vuelve aburrido y sobre explotado.

Estudié literatura inglesa en Londres. Nuestra Universidad fue famosa por el diseño de modas. Pienso que esos estudiantes fashion usaban ropas horribles. Algunos años más tarde, sin embargo, noté que ellos habían diseñado la moda del futuro, usando la ropa kitsch de los 80. Lo que siento es que fue muy feo volverse hermoso.

Una de mis amigas diseñadores de moda decía: “El siguiente verano ‘la moda insufrible’ (suffering fashion) estará en todos los anuncios”. En efecto, la siguiente temporada observé que ella tenía razón, que todo eso fue todo un gran plan, un movimiento diseñado por los editores de revistas de moda.

Marina: No te podría dar una explicación de experto, no he estudiado la historia de la compleja región de los Balcanes ni de su música, tan llena de influencias de diversas culturas, italiana, rumana, búlgara, griega… por su ubicación geográfica y su proceso histórico, pero como ejecutante y escucha sólo puedo decir que esa música es realmente pegajosa, poderosa, tan festiva por momentos, pero tan trágica a la vez. Es un tipo de música que se toca con mucho orgullo. Sabes que en el momento de tocar vas a conmover de una manera casi peligrosa a quien escucha. Invitas al público a bailar de manera frenética y a celebrar la vida sin ningún pudor, pero también lo vas a lanzar a zonas de dolor, recuerdos, reflexiones sobre la muerte, la pérdida, o sobre uno mismo. Claro que eso sucede con otros géneros y otras expresiones artísticas, pero la naturaleza misma de los instrumentos característicos de la música balcánica como el acordeón o los metales, y las escalas que se utilizan comúnmente, como la húngara o la armónica menor, pueden hacer que el rostro del más insensible empiece a llenarse de lágrimas y a contraerse de dolor y sentimientos confusos.

Como casi todos los movimientos migratorios, resultantes en su mayoría de guerras y situaciones penosas, la llegada de algunos serbios o ucranianos a ciudades que dictan el rumbo de la moda en todos los ámbitos ha favorecido y transformado la escena musical. Se dice que fue en Berlín donde empezaron a instaurarse las fiestas balcánicas, gracias al dj serbio Roberto Soko, que al poco tiempo de haber emigrado tuvo la suerte de contactarse con clubs importantes en donde hizo resonar esa música que traía de su tierra. En Nueva York, Eugene Hutz, vocalista de Gogoll Bordello, y Joro Boro se consideran pioneros en el movimiento. Y en ciudades como Ámsterdam, Bruselas o Paris existen también bandas y djs importantes, sólo que en México no nos enteramos sino de lo que pasa en Estados Unidos.

Algunos de estos proyectos ni siquiera proceden de Europa, sino de lugares distantes, ¿cuál es tu sentimiento acerca de ese espíritu nómada?

Eric: Polka Madre toca esta música porque así es su vida. Si gastas largos meses viajando y durmiendo en suelos sucios de casas sucias, entiendes, -poco a poco- que tocando música te ganas un momento de libertad. Los cinco de nosotros vamos en una van, manejando largas distancias con poco dinero, cansados y hambrientos, ya sea en Europa, EU o México.

Nos gusta viajar. Si le chingas, puedes empezar de nuevo al día siguiente. Cada día el show se vuelve mejor. Somos albañiles de la música, y tratamos de tocar cada día si podemos. Y en el inter bebemos cerveza, vodka, agua con MDMA (de Holanda) y hacemos muchos amigos.

Marina: A nuestra generación le ha tocado viajar de manera mucho más fácil, sobre todo, obviamente, a los jóvenes de países ricos como EU o europeos. Ahora se puede ver a cualquier chavo clasemediero deambulando en Estambul o en ciudades en donde en las esquinas hay gitanos tocando acordeones y clarinetes con orgullosa tristeza. Algunos turistas que regresarán a sus casas y trabajos estables lanzan monedas a estos músicos errantes como aplauso por soportar la difícil vida del gitano, pero si eres músico o alguien más o menos sensible te ves arrastrado inmediatamente a ese tipo de vida, aunque hayas crecido en un contexto estable.

Es fácil volverte viajero una vez que te das cuenta de que cruzando carreteras y ciudades puedes enfrentar situaciones que sólo podías vivir de manera indirecta a través de la literatura o el cine. Está claro que es más emocionante sentarte en una esquina de Ámsterdam a escuchar a unos rumanos tocar, o a tomar y hablar con ellos hasta que llega la policía y separa a la familia, como sucedió una vez, o en una plaza de Hamburgo, donde también cuando acabaron de tocar los músicos llegó una prostituta algo vieja y borracha que era la esposa de todo el grupo, como cinco hombres, que leer que lo hace un personaje en un cuento.



Yo era fan de la poeta argentina Alejandra Pizarnik y siempre recordaba una nota en sus diarios que decía algo como: “preferiría estar cantando blues en un pequeño bar lleno de humo que estar escarbando en el lenguaje como una loca”. A veces cuando estoy tocando en alguna ciudad lejana, en un bar lleno de humo de haschis, como uno en Lieja, Bélgica, la recuerdo y con cierta arrogancia me siento bendecida por estar ahí y no en mi cuarto tratando de escribir una línea.

Por otro lado, nosotros tenemos la influencia de los punks desde que Andrew, el bajista gringo llegó a la banda. La mitad de los shows que hemos dado en Estados Unidos ha sido en casas o bares manejados por punks, y la mayoría de la gente que conocemos son viajeros incansables, siempre saltando trenes, viajando de aventón, acampando de casa en casa, gorroneando muchas veces lo que pueden ofrecerles los sedentarios que sí trabajan… pero lo curioso y contradictorio es que vas a casa de sus padres y te encuentras con que viven en suburbios con muchas comodidades y hasta lujos.

Y bueno, para concluir, aunque me dé pena decirlo, por ser un cliché, y porque le podría restar mérito a la vida gitana que algunos músicos hemos adoptado, debo admitir que Internet, con myspace, craigslist, last fm, etc… son de muchísima ayuda para estas nuevas bandas. Ahora puedes planear un tour con Myspace contactándote con foros o bandas de países a los que parecía imposible acercarse.

¿Cómo se dio la grabación del disco (Casa Dónde, Intolerancia, 08) y como se conformó el repertorio?

Eric: Nosotros hemos tocado algunas canciones por años. Otras las aprendimos en giras, de extraños que conocíamos en pequeñas plazas o lugares. Este es el primer álbum y la culminación de todo lo que hemos realizado antes. Marina y yo (cuando éramos pareja) usualmente nos sentábamos en casa y trabajábamos juntos por horas. Ahora que no lo somos, las canciones son más un asunto personal. Tengo mis canciones, otras que quizá sean embarazosas, mientras que Marina tiene las suyas a las que les falta, -en mi opinión- mi tacto, mi toque, jajaja. Pero nos volvimos más profesionales. Siento que componer música y letras es el honor más grande de estar en una banda.

Marina: Debo agregar que el proceso de este disco fue muy doloroso. Conocimos a los personajes del estudio Kriminal Records gracias al que era entonces manager de Joe Volume, y nos prometieron un gran disco con poco presupuesto que estaría listo en un mes, pues lo necesitábamos urgentemente para una gira que teníamos planeada en Europa.

Grabamos en una sola semana a principios de mayo de 2007, con algunas dificultades como que por tener muchas tocadas estábamos crudos y algo dispersos todo el tiempo. Y a mí me habían invitado a tocar en el Vive Latino mis amigos de La Tremenda Korte unas canciones y me la pasé ensayando con ellos, así que hacía primeras tomas y me iba… Y teníamos las primeras tocadas en Finlandia en julio.

El proceso de mezcla y masterización fue muy tardado, teníamos las fechas encima y no quedaba y no quedaba. Nuestra instrumentación no es común para ingenieros que han trabajado con bandas de rock. Así que nos tuvimos que ir sin disco, con una primera mezcla no muy buena, con una portada provisional que dejaba mucho que desear. Estuvimos vendiendo por toda Europa discos quemados. En cada ciudad preguntábamos precios de maquila y hablábamos con artistas o diseñadores sobre la posible portada, siempre pensando que en cualquier momento nos mandarían los archivos vía Internet, pero el disco no llegaba. Regresamos a México y nada, el disco no estaba listo todavía. Se nos reclamó que nos hubiéramos ido sin estar en el proceso, peleamos con los ingenieros, que ahora son muy amigos, y se acordó que buscarían ayuda de alguien con más experiencia en mezcla y masterización. Entonces se metió en esto Luis Ernesto Novelo, miembro de la Gusana Ciega, que tiene un oído muy fino, personaje sensible y disciplinado, practicante de yoga, y tiene un estudio impecable en Desierto de los Leones; sin cobrar un solo peso metió mano y dejó algo que nos tiene muy contentos y que ha gustado mucho.

Sobre el repertorio, hay canciones de Eric, Andrew, Enrique y mías. Raymundo, el baterista, no ha compuesto canciones completas pero siempre aporta ideas. Cada quien añade su sello personal a las canciones de los otros.

¿Cómo sienten el panorama musical mexicano?, ¿encuentran un sitio para la banda?

Eric: El rock mexicano apesta. Odio especialmente a los Fancy Free y Zoe. Si tuviera que asesinar a alguien sería a esas bandas exactamente. Los Dynamite y otros por el estilo que están surgiendo son igualmente horribles. Es embarazoso estar en México y tener bandas como esas en la radio.

Sin embargo, me gustan Los Relámpagos del Norte, Los Tigres del Norte, Los Alegres del Terán y todas las variantes del son jarocho. México tiene demasiada buena música y es especial, porque está lleno de música -en peseros, en las calles, en ventanas abiertas y en cantinas-. Odio el rock mexicano porque si quieres buen rock mejor ve a NY o a Londres. Pero la música mexicana es hermosa. Las únicas otras buenas bandas son Café Tacuba y Joe Volume y los Vincent Black Shadows.

Marina: No voy a ser tan directa como Eric, pero sí puedo decir que no hay sitio para nosotros en la escena musical de México. Muchas veces nos ofrecen lugares en que nosotros tenemos que armar el cartel y no sabemos a quién invitar, así que acabamos tocando solos y se nos llega a reclamar que no incluyamos a nadie más. También se nos ha llamado malinchistas algunas veces, pero qué le voy a hacer, tal vez por algo me llamo Marina, como llamaron los españoles a la Malinche.

En Cd. Juárez existe la banda de nuestros amigos de La Caravana, aunque es música más gitana, con un toque más latin, con percusiones, suena más a world music… Nabuzenko también es una banda amiga, pero su música es mucho más apegada a la música tradicional balcánica; el fundador estuvo viviendo en esa zona y aprendiendo de los maestros nativos… Pero en cuanto al movimiento balcánico, los dj’s Gadgio, Ruth Selecta y Peach Melba (Jesús Pacheco) se han encargado de incluirnos en fiestas, festivales y de hablar de nosotros en medios recientemente.

Con quienes hemos tocado varias veces y consideramos que tienen la misma energía es con Joe Volume y los Black Vincent Shadows. Su música es muy diferente, es estricto rock and roll, de a de veras, con huevos, con actitud. Son odiados por mucha gente por su actitud, que podría parecer de chavitos prepotentes, por hacer público que usan drogas, por provenir de familias con dinero. Pero musicalmente hablando están muy por encima de la mayoría de bandas en México.

También soy fan de Café Tacuba, pero no se han dado cuenta de que existimos. En México no se nos ha hecho ningún caso en el mainstream. Y no es que no lo buscáramos, pues quién no quiere ganar más dinero de la música. Al principio sí íbamos a las estaciones a dejar nuestros demos pero a nadie le interesó nuestra propuesta, pero así son las cosas. Volviendo a un cliché, nos tocó vivir en carne propia aquello de que nadie es profeta en su tierra.


Polka Madre son:
Eric Bergman: voz y guitarra
Marina de Ita: acordeón y teclados
Enrique Pérez: clarinete
Andrew Cameron: bajo
Raymundo Vera: batería

2 comentarios:

mundoraro dijo...

hola Juan CArlos. justamente somos nosotros. chido que aquí publicaste todo. oye pero ya cambiaste de correo? manda a polkamadre@gmail alguna direccion o contacto. chido gracias°

Unknown dijo...

Ah que la Polka Madre, son buenos, muy buenos, yo nunca la haria de nomada como ellos, ni venderia mi ampli por un cuarto de gas como ellos (de hecho un amigo tiene un gabinete de bajo de Andrew). Creo que soy muy fresa, pero respeto su tenacidad y su buen coto. Lo que no me late es cuando les entra lo pretencioso y se dan sus aires farolones, y pues eso medio cae mal. Ademas de la onda de que se quejan de que no los pela el pueblo y pues yo varias veces los salude, los elogie, los invite a toquines y pues me daban puro avion.

Otra cosa... que no sea cabron el Eric, que no muerda la mano que le da de comer, eso de venir a Mexico y salir con que el buen rock solo lo pueden hacer los neoyorkinos o los de londres, o su valedor, joe volume que es 20% bueno y el resto pura lengua, inmadurez y blof, ademas de que explotan deliberadamente el tocar mal, lo cual apesta. Nada peor que un pequeño burgués viviendo su fantasía burroughsiana como el tal Joe.

Es como si yo saliera con la mamada estilo Bush de que el como extranjero no tiene nada que hacer aqui en este pais, y que para que quiero que ese wey me cante corridos si tengo a los Tigres del Norte.

El hecho de no haber nacido en Roma no hace menos catolicos a los borregos, por favor. OK tenemos muchisima musica autoctona hermosa, pero pues seguimos siendo el vecino incomodo de los EU y estamos empapados de toda la cultura pop que nos vendieron y metieron cual enema durante decadas, como el rock o el blues, los cuales algunos inconformes con los narcocorridos adoptamos. Que caray que despues llegue un compa y nos ningunee con que no sabemos tanto de sopa Campbells como Andy Warhol, que no chingue. Como si no hubiera mexicanos haciendo buen rock allá.