martes, 18 de agosto de 2009

The Gaslight Anthem: la revuelta comienza en el patio trasero de un pueblo chico


Cuando se habla de la vida en el norte de la costa este de los Estados Unidos existen dos grandes escenarios. Por un lado, la vida en las grandes ciudades (las figuras de Nueva York y Boston lo acaparan casi todo), y sus implicaciones de caos y hacinamiento urbano. Pero también está lo que ocurre en la periferia, en los pequeños poblados que parecen ir a un ritmo más lento que el resto del país y que también conllevan su complejidad social.

En eso sitios viven adultos y jóvenes que no gozan del American dream y que palpa de muy cerca la falta de empleo y opciones de progreso. El espejismo capitalista nos vende la polaroid de un mundo en que cada individuo pasa por ser un ejecutivo, pero no difunde por igual el retrato de los obreros llenos de grasa tras la jornada o la de los granjeros lidiando con los problemas diarios de la siembra.

No existe pues una visión monolítica de los U.S.A., sus realidades alternan en tiempo y espacio con un marcado alto contraste que subraya sus diferencias. Un artista que ha desarrollado su carrera cronicando las historias de esta gente es Bruce Springsteen, considerado un bardo de este segmento de la cultura popular gabacha: la clase trabajadora.

Muchos de los jóvenes de este tipo de zonas crecen escuchando sus canciones, que alternan con otros referentes como el punk, el rockabilly o el metal. Es importante subrayar la función que cumple la música en estos grupos sociales, pues se convierte en el vehículo a través del cuál se encauzan los pesares que la existencia va dejando.

Aquí es donde se preserva integra la capacidad del rock para brindar identidad a sus seguidores. Tal es el caso de una banda procedente de New Brunswick, New Jersey, cuyas composiciones aglutinan el discurso de Springsteen con las enseñanzas de distintas corrientes que van del punk a lo The Clash al tratamiento peculiar de guitarras que caracteriza a The Cure.

En un momento en que el punk se ha convertido mayormente en glamour e impostura, no es fácil hallar artistas cuyo discurso sea congruente y alejado del panfleto político o la vaciedad adolescente. Eso es lo que ha hecho que The Gaslight Anthem se destaque; han encontrado la manera de componer canciones con una lírica interesante que también se apoyan en melodías que suenan épicas.

Sus composiciones poseen fuerza y elusividad; no se dejan encasillar tan fácilmente, por ello su debut Sink or Swim (XOXO Records, 07) llamó la atención de todo tipo de portales y publicaciones punks, pero también de medios más establecidos, como las revistas Spin y Kerrang. Esta publicación inglesa, de corte rocker, los catapultó a la portada prácticamente sin haber escrito nada previo y los recomendó como: “La mejor banda que vas a escuchar en el 2008”.



Así se abrieron espacios en la BBC para una banda novata y casi inédita en Europa, que no decepcionó con su segundo largo The 59 sound, cuyos temas dan cuentan de las cosas que pasan en la bahía de Jersey (Jersey Shore). Se trata de un grupo que encontró la manera de ser y sonar norteamericanos sin caer en los clichés; las canciones cuentan historias desde la óptica de sabios vagabundos que extraen la esencia del entorno, de ahí títulos tales como “Even Cowgirls Get The Blues” y “Here’s Looking At You, Kid”.

Otro aspecto muy loable de la banda, es que no por ser muy jóvenes desconocen a sus antecesores, todo lo contrario, aprecian y estiman la tradición, como lo confirma Alex Rosamilia, guitarra de la banda: “Me gustaría pensar que las referencias a Peter Seger, Tom Petty o Dylan son debidas a que nos gusta la buena música y el hecho de que no hay mucha buena últimamente. También la literatura es una manera de contar cosas y como tal también es otra influencia”.

Por ello no extraña que el primer corte este inspirado en Grandes esperanzas de Charles Dickens, cuya figura impregna otros momentos del disco, por el que desfilan otros fantasmas de gran peso, como en “Miles Davis & The Cool” y “Casanova, Baby”.

The Gaslight Anthem se empeñan en nutrir de sustancia sus temas, ya que encuentran que actualmente demasiadas bandas se fijan mucho en cosas externas más allá de la propia canción. Parecen como salidos de otra época, no les atraen los asuntos relativos a la moda, ellos aprecian el estilo antiguo de entender al rock, donde había compromiso y honestidad: “Estaría muy bien haber nacido hace décadas y haber podido abrir algún concierto para Elvis Presley, pero también lo es poder hacerlo para Social Distortion o Bruce Springsteen”. Un sueño que hace muy poco se cumplió.
Con todo, The 59 sound es un trabajo cuya proyección ha sido gradual, pues aunque lleva tiempo editado en su país natal apenas aparece en Europa, como un novedad para mover durante el circuito veraniego de festivales (como en el de Bilbao donde les fue muy bien).

Brian Fallon, el vocalista, es quien resume su labor: “Gran parte de nuestro material se puede considerar como intrincado, pues no sólo tiene que ver en la cantidad de notas que puedes meter en una composición de tiempo extraño, también se trata de ser capaces de subir y bajar, y de alguna manera meterse en la cabeza de alguien”.

Para renovar al punk prefirieron tirarse de cabeza en las raíces, así que no sólo podemos rememorar al Boss, allí está la herencia de Joe Strummer, junto a The Clash y luego con Los mezcaleros. Sus personajes parecen prófugos de una canción de Tom Waits o de una película de Jim Jarmush. Por fortuna, nos encontramos con unos chicos rudos que en vez de conformarse con solamente gritar peroratas, prefieren narrar historias sobre los héroes anónimos y domésticos. A final de cuentas, las grandes batallas –y su épica- comienzan en el patio trasero de un pueblo chico.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Principios básicos de astronomía



¿Qué tan lejos estamos de Los Planetas?
Es un hecho de sobra conocido que las nuevas generaciones de roqueros han crecido con sus sentidos puestos en la cultura anglosajona. La Unión Americana e Inglaterra compiten fieramente por conservar tanto la vanguardia como la oferta mainstream. Poca atención se presta a otras regiones del planeta, con ciertas excepciones: Francia, Canadá y los países escandinavos.
Cuando nos enfocamos al rock español la mayor referencia sigue siendo la generación de la Movida, que nos trajo su música durante la segunda mitad de los ochenta y principios de los noventa, hasta ir perdiendo fuerza. Durante años nos llegan del territorio ibérico las agrupaciones y solistas de mayor potencial comercial y menor índice cualitativo.
Aunado a ello, los grupos mexicanos están más interesados en aprender a cantar bien en inglés que en conocer y asimilar el trabajo de quienes usan el castellano. Estos son factores que han alimentado el distanciamiento entre la parte más novel del movimiento rocker y el trabajo de los artistas hispanos, que se concentran más en el autoconsumo que en la proyección internacional (hasta la llegada de El Guincho no habían tenido una figura indie que traspusiera fronteras).
Permanece como una tarea pendiente a través del tiempo, entre otras muchas cosas, el adentrarse en el conocimiento de un grupo que ha dado distintos ejemplos de su lucidez y valentía. Los Planetas son una banda que ha logrado preservar su personalidad ante la industria, sabiendo navegar a contracorriente e impulsar una personalísima forma de entender al shoegaze y el noise pop.
Porque la herencia de la banda granadina, empujando discográficamente desde 1994, es la de hallar el modo para cobijar a las melodías y los estribillos de capas y capas de mantas eléctricas y sedas disonantes. Provienen de una casta que tiene en The Jesús and Mary Chain, Neds Atomic Dustbin, Mercury Rev, Chapterhouse y Curve algunos de sus miembros más insignes.
Los planetas han dado también ejemplo de que un grupo de rock madura a través de un continuo fogueo sobre el escenario. Han recorrido en incontables ocasiones España de punta a punta para mostrar lo suyo. Con el tiempo se fueron haciendo mejores instrumentistas, enfocaron mejor su sonido y establecieron fuertes nexos con la gente, el sostén esencial de un artista.
Durante 15 años de carrera han dado múltiples dolores de cabeza a sus disqueras por aferrarse a hacer las cosas a su modo, que incluyen su manera de mezclar las voces –casi fundidas a los instrumentos-, conservar el mismo diseñador de arte (Javier Aramburu) durante años, arriesgando con fórmulas nuevas disco a disco: sumando sección de cuerdas, trabajando con orquesta, dando mayor o menor énfasis a los teclados, coqueteando con otras tradiciones, como el flamenco, haciendo madurar su trabajo lírico y creando conceptos sólidos y coherentes para cada álbum.
Siete álbumes y 15 años de carrera no son poca cosa, por lo que han decido celebrarlos con una compilación que no esta conformada de manera típica sino que se centra en el trabajo de ilustración de 22 canciones elegidas, a cargo del dibujante Juanjo Saéz, autor del comic de 48 páginas a color, que se acompaña del cd respectivo y un dvd que conjunta todos los trabajos de videoclip realizados por el grupo.
De las 19 canciones incluidas finalmente en el disco, 18 son ya conocidas y una es de reciente creación. “Soy un Pobre Granaino” nos deja ver que la agrupación encabezada por J. y Florent aun le queda mucho que experimentar con ese entrecruzamiento entre los palos flamencos y el rock más vibrante.
El resto posee la peculiaridad de proceder de una selección subjetiva y no cumplir objetivos documentales o de semblanza. Ya se han alzado voces que señalan la ausencia de ¿Qué puedo hacer?, uno de los temas insignia, o que en general no refleja la carrera entera y que tiene mayor énfasis en los discos más recientes, lo que quizá le agrega un carácter distintivo al conjunto.
Con todos los reclamos de los especialistas, no deja de ser una buena manera de crearnos un panorama general, que arranca con “De viaje” del inical Super 8 (94) y pasa por la célebre “Himno generacional #83”, procedente del Pop (96).
Pero el verdadero redescubrimiento viene con “Un buen día”, original de Unidad de desplazamiento (00), donde la suma de talentos genera un importante volumen de rock, concentra su capacidad pop para desarrollar armonías y melodías y su coloquial modo de compartir historias.
Habrá quien prefiera •”Devuélveme la pasta” (Contra la ley de gravedad, 04) o bien “Yo no me asomo a la reja” (La leyenda del espacio, 07). Lo cierto es abunda el material en que Los planetas subrayan que se han negado a perder su lado silvestre, a condensar su energía, a ser domesticados por las transnacionales.
Aquí un cuidado paquete lleno de arte, una introducción para recién llegados y el mejor ejemplo que en esto del rock and roll hace falta perseverancia y disciplina aunada a la locura y el debraye. Los planetas nos dan sus lecciones de astronomía y nos hacen ver que el genio no se encuentra en una galaxia lejano sino muy cerca de quien quiera verlo.

domingo, 19 de julio de 2009

El dinosaurio está en la granja


J. Mascis, Murph y Lou Barlow no han inventado nada juntos, no pasa por ellos algún retortijón provocado por la originalidad, pero tocando a pleno han redefinido y dejado una huella indeleble sobre el rock norteamericano desde la segunda mitad de los ochenta, cuando el dinosaurio bebé vio la luz.
Su influencia fue fundamental en deidades como Nirvana, Pixies, Pearl Jam y una lista muy larga. Su estruendoso guitarreo se anticipó a la revuelta grunge, pero enseñó a muchos ejecutantes la manera en volver arte sublime al ruido y la distorsión. Crearon una leyenda negra tras perder su alineación original rozando los noventa, pleitos y desacuerdos por doquier, pero en 2007 el enorme reptil volvió a rugir como tal.
Retornaron con Beyond dejando en claro que los años no les restaron energía ni contundencia. Rockean como una aplanadora, un trío perfectamente ajustado que da lecciones acerca de las supervivencia de los largos solos de guitarra, una práctica casi en extinción.
Banda de culto, agrupación más apreciada por músicos; una tercia de desadaptados. Dinosaur Jr acometen con Farm (Jagjaguwar), donde hacen explícito que la fórmula funciona: rock de rompe y rasga, himnos eléctricos no aptos para niños bonitos.
12 canciones parejas en su notable calidad, pero a menester de resaltar ahí están “I want you to know”, “Pieces”, “I dont´t wanna go there” y “Plans”. Este es el grupo que deben escuchar las nuevas generaciones –de fans y músicos- para aprender algo acerca del rock. Frase atrevida que no tengo menor duda en sostener, sobran las figuras en quienes apoyarme. No hay duda: los viejos rockeros nunca mueren, aunque no tengan nada de originales, ni falta que hace, son auténticos.

miércoles, 8 de julio de 2009

Santa N: Canciones nocturnas para el Mediterráneo.


Carlos Ann es una figura que destella más allá de la banal superficie de la música española contemporánea. Basta recordar que formó parte de Bushido, una banda conformada junto a Enrique Bunbury y Shuarma. No obstante contar con 6 discos como solista y haber sido producido nada menos que por Howie B. en Entre lujos y miserias (02), el hecho de ser colaborador del Héroe del silencio en Bunbury Feak Show (05) le ha abierto horizontes en América latina, especialmente en México, donde cuenta con un nutrido grupo de seguidores, que abrazan con emoción cada una de sus incursiones.

Discos como el que realizó con el poeta Bruno Galindo y Bunbury entorno a la figura del poeta maldito Leopoldo María Panero y que dio pie a un documental, un cd y un libro, publicados en 2004; su incursión como poeta en Líneas abiertas y ahora el dueto constituido con Mariona Aupí, conocido como Santa N, cuyo disco debut ha venido a presentar a tierras aztecas, hacen de este hombre un músico de culto, apasionado por el arte de la vida y sus secretos. Algunos de los cuales nos comparte haciendo gala de su peculiar modo para acariciar al lenguaje.

Por ahí se cuenta de la primera reunión formal entre Mariona y tú, en un restaurante de la Barceloneta, comiendo una paella, pero no se dice cómo o porqué llegaron hasta allí, ¿Quién los convocó?

El azar nos juntó de una de las maneras más comunicantes que existe: "la culinaria". Empezamos a escribir textos sobre los manteles de papel y a jugar con las tintas de la paella, estuvimos bebiendo, comiendo y cantando canciones de Antonio Machín, Chavela Vargas y Parálisis Permanente, hasta que no quedó nadie en el restaurante. Mariona es “una alma poética” que poco tiene que ver con los tiempos actuales, es muy difícil estar con Mariona y no sucumbir al arte.

Mariona escribió los textos y luego trabajaste la música, ¿de manera espontánea surgió ese entrecruzamiento entre los ambientes de arrabal, Tom Waits, el vodevil y hasta algún eco de ranchera?

Mariona escribió los textos que ella canta, excepto el de la canción "labios", que lo escribió Peinga Rayo y las canciones interpretadas por mi son textos míos. Desde luego, para realizar conjuntamente un disco con alguien debes conectar con un montón de cosas. En el caso de Santa N, hemos ido de la mano con Tom Waits, Chavela Vargas y un larguísimo etc... Estamos en un momento que la música con una clara raíz e identidad nos persigue muchísimo.





Ambos llevaban largo trecho en la música, ¿fue fácil ceder y concertar para que el proyecto fluyera?

Fue muy fácil: la pasión hacia la música, el champagne, el sueño y el misterio, el mar mediterráneo y la magia, hicieron perfectamente su trabajo, nosotros simplemente nos dejamos llevar.

¿De qué manera guardar una sana distancia entre el músico –el cantante de canciones- y el poeta? ¿Son estadios distintos o complementarios?

Estoy entrando en un lugar, en el que todo me parece lo mismo, el poema, la canción, el cante, “todo es uno”. Es un área en la que no puedo separar un trazo de un eje, una melodía de una sirena, un paisaje de un poema. Todo está conectado y estoy disfrutando muchísimo de este misterio.

Las piezas que integran Santa N son muy ricas en instrumentación y los arreglos minuciosos y cuidados, ¿cómo se fueron visualizando las necesidades de cada uno de los temas?

Se trata de un disco artesano, cuidado casi como una pieza única; elaborado con la más absoluta calma y dedicación. Cada canción podría pertenecer a un disco diferente, sobretodo a nivel de arreglos. El proceso fue larguísimo, a la vez muy enriquecedor y mágico. Son canciones que le gusta llevar un buen traje, ir bien peinadas y sentir la vida. Pero han conocido todos los estados físicos y mentales de la creación, y hasta han buscado el delirio como forma de subsistencia.

En España el trabajo dedicado a Panero fue contundente y muy apreciado, ¿consideras que en México no se conoció lo suficiente?

En México gustó lo que tenía que agradar, igual que en España. Es un disco difícil, con una selección de poemas no apta para todos los públicos y con una notable transgresión. Sinceramente para mi, todo fue una gran sorpresa.

¿A que atribuyes el desarrollo de ese fuerte nexo que has establecido con el público mexicano?

Pasión, entrega y verdad, es algo recíproco; además el público mexicano tiene mucha memoria, identidad y búsqueda.

¿Cómo es que has conseguido seguir desarrollando la estructura de la canción para que no quede en su forma más habitual?

Estoy trabajando muchísimo en las estructuras musicales, es casi una obsesión en mi forma actual de crear. Me gusta mucho deconstruir y volver a construir. Cada canción escrita forma parte de un juego de llaves que voy guardando. Todas tienen su habitación en “el castillo de la música”.


Han comentado que una de sus influencias es Federico Fellini, ¿crees que le gustarían las canciones de Santa N?

No sé si las canciones le gustarían, pero que se lo pasaría en grande con nosotros, eso te lo puedo asegurar.

¿Cómo surge el proyecto Pierda usted cuidado con Juan Carlos Allende y Enrique Castañeda, músicos de Chavela Vargas?

Disfrutando de sus discos noche a noche, he estado años escuchando esos “requintos” que me arañaban y dignificaban mi corazón.Todo se materializó en un concierto de Chavela en Barcelona, me lancé al escenario y los abordé, como si se tratara de un barco pirata. Me dejé llevar y me salió bien. No me pude contener, nadie me paró. Todo estaba escrito. Juan Carlos Allende lo recuerda como si yo estuviera totalmente poseído, y bueno, creo que no se equivoca del todo.

A partir de ahí sólo han hablado las canciones. Ese va a ser mi próximo disco, llevo mucho tiempo trabajando en él, puedo asegurar que ahí están algunas de las mejores canciones que he escrito nunca.








martes, 7 de julio de 2009

Stuaart Murdoch y su música para películas futuras


El creador de Belle and Sebastian es un tipo de otros tiempos; sencillamente, no pertenece a esta época. Su pop de orfebrería me hace compararlo con un anticuario, alguien que ama las cosas del pasado por sobre las novedades. Ahora su particular perspectiva lo hace convocar a distintas vocalistas, con tal que no se parezcan a Celine Dion, para elaborar lo que será la música de una película del mismo título que comenzará a rodarse hasta el próximo año.
Apoyado en dos recreaciones de temas de antaño (“Act of the Apostle”, y “Funny Little Frog” de The life pursuit), resulta el disco con la más pura esencia de la banda en muchos años. Un trabajo lleno de pasajes orquestales, tratamientos a lo spaghetti western y pinceladas jazz, que conviven con momentos de music hall y rock pop oldie.
El álbum toca la historia de una joven llamada Eve, recién salida de un manicomio y en proceso de buscar novio y una nueva vida. En cada uno de los 14 temas que lo conforman hay detalles interesantes, como la participación de Neil Hannon de Divine Comedy en una canción que le es ideal: “Perfection As A Hipster”. Entre las damas elegidas por Stuart destacan Catherine Ireton (que se lleva casi todo el disco) y Brittany Stallings que hacen brillar canciones tan acariciantes y aterciopeladas como la que le da título, “Musicians, Please Take Heed”, “I’ll Have To Dance With Cassie” y “Come Monday Night”.
Stuart Murdoch
God Help the Girl
Matador, 09

sábado, 30 de mayo de 2009

Akron/Family: La furia y la calma de la weird America.


Antes eran cuatro pero ahora como trío los de Pennsylvania no han perdido un ápice de potencia y creatividad; lo suyo traspira de total libertad y van a tope en aquello que se entiende como freak-folk. Ellos hacen una versión orgánica al 100% parecida a lo que Animal Collective logran su mescolanza, pero aun hay que precisar que aun en los momentos en los que priva el caos no se pierde el rigor y la buena factura.

Una agrupación como esta da testimonio de que existen corrientes por las que circulan sonoridades realmente heterodoxas; vamos que no son bandas que suenen del todo convencional y que si dan señas de que exista algo parecido a una Weird America.

Más asentados que nunca, no desprecian la calma y siguen amando la furia; saben torcer las melodías y hacer el uso necesario de los aires primitivistas. Se afirman como prolongadores y distorsionadores de la música ancestral de Norteamérica, gracias a temas como “River”, “They will apear” (con una guitarra afiladísima) y “Gravely Mountains of the Moon” (que rinde pleitesía a Neil Young y sus Crazy Horse). Akron/Family entrega la mejor de las cuentas, muchos les apartan un lugar en lo mejor del año, pelando palmo a palmo con Geizzly Bear.

Akron/Family
Set ´Em Wild, Set ´Em Free
Dead Oceans, 09

White Rabbits: Piano rock de locomotoras a dos baterías


Esta banda originaria de Missouri, pero con unos años asentada en Brooklyn, Nueva York, se ha ganado a pulso un lugar en el paisaje internacional de la música por tener un directo contundente, que se potencia por el hecho de que el sexteto incluye dos baterías. Con Fort Nightly (07) consiguieron un alentador debut que les llevó a telonear para The Walkmen, Kaiser Chiefs y Spoon, banda de la que tomaron a Britt Daniel, cantante y guitarrista, para producir su segunda incursión.
En esto del rock es bien difícil construir un sonido propio y estos conejillos lo han logrado dosificando la parte experimental, dando su lugar al piano y las guitarras acústicos. Hasta podemos acordarnos de Primal Scream cuando los escuchamos (“Rudie Fails”), y, siendo optimistas, incluso de los Radiohead más ligeros (“They done wrong/ We done wrong”), con quienes comparten disquera. Pero aunque este trabajo los lleva adelante ahora deberán concentrarse en componer canciones memorables, de esas que se recuerdan siempre.
Autodefinidos como creadores de un piano rock de locomotora, suenan actuales, aguerridos e inquietos, sólo les falta que su materia prima perviva, que sus temas se queden para siempre. La suerte no les ha faltado, ellos mismos se jactan se ser la banda más desconocida que ha pasado por el Late Show de David Letterman.
White Rabbits están a punto de grabar un disco que los congracie con la eternidad, por lo pronto han conseguido un segundo trabajo respetable y lleno de detalles.
White Rabbits
I`ts Frightening
TBD Records, 09